AUTOBIOGRAFÍA
Universidad Pedagógica Nacional
Facultad de Humanidades
Departamento de Lenguas
Yuli Esperanza Casallas Amaya 2003138017
Recusros Didácticos Impresos
Autobiografía
Aquella vez me di un vistazo, dudaba ente muchas carreras, todas miraban el mismo horizonte, pero debía enfatizar en una sola. Así comencé un recorderis por lo que serían los primeros 16 años de mi existencia. La verdad desde aquel tiempo ya se sentía algo de vacío, parecía una profecía que anunciaba la terrible vanidad y superficialidad que nos llena hoy en día.
Nunca fui la primera, tampoco fui la última; y la verdad cualquiera de estos dos lugares me causaba algo de temor, dado el impacto que tenían, si bien es cierto que necesitamos ser valorados por nuestros talentos, también lo es que mi timidez rozaba en los límites del mal genio como escudo protector ante cualquier intento de ataque. La verdad si hago un paralelo de quienes son los que otorgan dichos lugares tendría que hacer una división. El protagonismo tiene dos facetas: el ámbito social y el ámbito académico, el primero es otorgado por las instituciones y el segundo por los estudiantes.
Nunca negaré que me sentía atraida por dichos lugares que proporcionaban reconocimiento, pero la sociedad siempre está al acecho de los errores de sus semejantes y ese jamás ha sido ni será mi interés, la humanidad me apasiona pero nunca la convertiría en objeto de habladurías vanas y frías.
Y bueno, no todo era malo, el salón de clase era lo más cercano que tenía al cielo, allí se explora el ser como individuo pensante, sensible y competente. Todos se vivía en torno a qué característica poseía cada uno de nosotros para tomar un papel dentro del grupo: el ñero, el juicioso, el lambón, el ordinario, el parcero, el inteligente, el intelectual, el gomelo, etc., etc; mejor dicho, así como podemos hablar de un aula de clase con la canción “Décimo grado” de Ana y Jaime de fondo. Yo la verdad desde el 97 me perfilé como una estudiante que detestaba el régimen de las “roscas”, así que tenía la faciidad se pasar entre subgrupos sin tener el mayor problema. Además de eso soy fiel seguidora de Robi Draco Rosa desde ese año, así que eso hizo que mis compañeros conocieran cosas de mi pensamiento por ese motivo, además de mis recurrentes llamados a la huelga estudiantil ya que allí los docentes debían hacer bazares para pagarse su propio sueldo.
En fin, creo que comentaré algo al respecto de lo que me impulsaría a estudiar la docencia. Pasaba el año 1999, y uno de mis compañeros se veía obligado a dormir alrededor de 2 horas diarias para estudiar y trabajar respondiendo así por su mamá y por el mismo; desgraciadamente la dura actividad laboral no le permitió continuar el año siguiente, pero si me hizo pensar en la cantidad de tiempo que se desperdiciaba en las aulas; hay momentos en los cuales los docentes solo piensan en llenas planillas y los estudiantes en obtener una nota, así que el “proceso educativo” pierde su función y los tan nombrados objetivos de la educación parecen ser una cortina de humo al ver lo que realmente ocurre en las aulas. –Bien es sabido que muchos docentes elaboran guías a lo largo de sus carreras y muchos estudiantes las llenan por cumplir un simple requisito, a veces creo que la conciencia se cansó de hacer mil y un intentos para que reflexionemos, así que ahora nos encontramos solos hundiéndonos en un mar de individualismo- Pensé en los profesores planos y desinteresados, en los pensantes pero verdugos, y en los pensantes y reflexivos. Aquel día quise cambiar el mundo, y fue entonces cuando empecé a navegar por mil y un carreras que como ya dije, miraban hacia el mismo lado: La humanidad.
Mi primera opción fue Filosofía y letras, la segunda Ciencias políticas, la tercera Sociología, incluso llegué a pensar en estudiar Teología. Todas me cautivaron en su debido momento, pero me quedaba una duda: mi facilidad con la lengua extranjera y el encanto que tenía el hecho de que me enviaran a cuidar a los niños cuando había reunión de profesores, sin querer decir con esto que vaya pedir transferencia para la Facultad de Educación. Resumiendo, en el 2002 me presenté a la UPN, y gloriosamente pasé, ya que le ambiente que se vivía por esos años, aunque ya agonizaba, aún conservaba algunos latidos…
Y bueno, el ingreso se dio justo cuando el señor rector era “elegido”, esto me daba a conocer muchos matices del ambiente de la universidad y hacía ver la problemática del colegio como un chisme de barrio comparándolo con el gran conflicto social y político que venía incluido en dicha elección.
Aquí creo que será necesario hacer una especie de back up para contar otro tanto de la bella infancia. Saltaré a la primaria cuando llevaba muchas loncheras, recuerdo claramente que mi tía me regalaba varias que por supuesto eran usadas por mi prima; pero que yo feliz recibía para ir muy pinchada al colegio cada día de la semana con una lonchera diferente. Fresita, super héroes, ositos cariñositos, en fin; todos ellos transportaban mi termo y mi cajita.
Con mis amigas era muy arriesgado ir al tercer piso del colegio, a nuestros 8 años jurábamos que las directivas lo prohibían porque había una monja fantasma y si subíamos nos asustaba y luego por chismosas nos expulsaban. En efecto nunca fuimos capaces de subir, pero la curiosidad quedó allí siempre, dada la insistencia de la rectora para no subir a ese lugar. Claro que no todo eran sustos, también estaba la hora del descanso: patio grande y listo para jugar escondidas con mis amigas, y para ser testigo de cómo todas las mañanas la profesora le decía a una de mis compañeras que dejara de llorar, y que si no lo hacía llevaban un balde para recoger todas las lágrimas.
No puedo decir el por qué de este recuerdo, pero lo cierto es que nunca olvido esta experiencia, para mi es gracioso, pero también imagino lo mal que la pasaba mi amiguita en ese entonces, y la mala energía que debió dejarle dicho incidente.
Pasados unos años llegó el primer cambio de colegio, nos mudaríamos de barrio, así que era inevitable. Hasta ese momento mi contacto con los niños era prácticamente inexistente; ingresaría a un colegio mixto y mi temor no se haría esperar:
“-Les presento a Yuli-“decía la sicóloga mientras yo sentía que ese par de piernas que poseía desde 8 años atrás se desbarataba de tanto temblar. Sentía que se burlarían, y todos esos ojos sobre mi tenían un efecto avasallador, aunque en un abrir y cerrar de ojos esa gran muralla creada por mi se caería e inocentes amistades surgirían de aquel primer encuentro.
Tan pronto salio la sicóloga del salón, la profe pidió que alguien se hiciera conmigo para no dejarme sola, este fue otro momento que jamás olvidaré: me sentí caer del miedo en aquel instante y fue entonces cuando una inmensidad de cuellos empezaron a estirarse; majestuosos, nobles e inocentes. De varias bocas se podían escuchar frases que me invitaban a sentarme, así que esta fue una prueba que superé a satisfacción pero claro está, aclarando que todos los méritos eran de ellos, ya que la que había interpuesto la barrera era yo.
Muchos sabrán y pensarán que esto sucede a diario y que no hay motivo para desgastarse o para darle importancia, pero para mi fue uno de los hechos con más significado en la vida, puedo decir con tranquilidad que había estado en el desierto esperando un oasis pero maravillosamente ahora el sueño era cierto y sin fantasías. Allí superé un cambio de vida económico y social y tal vez lo más importante.
Vencí aquella timidez que me hacía llorar de vergüenza cuando veía a un extraño y más aún si era del sexo contrario, pasé por encima del miedo y en mi interior reinaba una tranquilidad que nunca podré describir.
Y bueno, con las nuevas amistades descubrí el extraño mundo masculino, supe lo que era una clase de educación física sin que fuera considerada un premio, cosa que en este momento trae a colación una aventura bastante peculiar que había tenido años antes en otro institución que ya había nombrado –femenina cabe aclarar-. Corría el año 1992 y yo cursaba el grado tercero, se acercaba al hora de educación física y mis tennis de tela acabados de lavar por mi amada madre lucían perfectos con unas cuantas pasadas de Griffin. Pero como siempre la tentación estaba allí y algunas amigas y yo decidimos ir a qeuel lugar donde crecían unas fresas pequeñas y jugosas.
Todas salimos corriendo en busca de aquel manjar, cuando de pronto sentí una humedad inmensa en mis pies, al mismo tiempo que notaba como mis amiguitas si se habían percatado de dicha humedad antes de que sus pies llegaran a ese terreno. Todas miraban mis tennis que habían pasado instantáneamente de un color blanco perfecto a un café terrible; yo por mi parte pensaba en la reacción de la rectora y de la profesora cuando de evidenciara mi travesura en la revisión de uniforme.
Y así sucedió, dado que mi colegio era muy iqueño, la rectora siempre se enteraba de todo y los apretones en el brazo eran frecuentes, yo no encontraba la manera de esconder mis tennis ante esa mirada que me juzgaba antes de dejarme hablar, me puse nerviosa y enseguida entre la resignación y la esperanza me formé para esperar mi revisión. Sin más preámbulos contaré que la rectora y la profesora me llamaron la atención fuertemente en especial la primera, quien afirmaba que yo era la niña más sucia del colegio y que no contenía la tentación de hacer lo indebido a todo momento. La verdad es que en aquel momento -mi risa ya famosa en esa época- se contenía pero también temía el regaño de mi madre, así que para ese instante mi cara debió ser indescifrable.
Luego de esto fui castigada por sucia y me enviaron a la capilla a reflexionar por mis malos actos, ya que me habían pedido que ofreciera disculpas pero yo me había negado afirmando que no había tenido intención de ensuciar mis tennis. Entré en la capilla rogando no encontrar a nadie para poder liberar esa risa que no me dejaba respirar en paz, según ellas yo iba a reflexionar pero yo solo sentía que Jesús era cómplice de aquella inocente travesura. Esto no era nada del otro mundo, pero me dejaba ver que la religión se ocupaba de lo tonto y no de lo importante: pobre Dios, qué malos representantes tenía en la Tierra.
Llegué a casa escondiendo inútilmente mis pies, y mi madre noble y buena se remitió a preguntar:
-¿Mamita y sumercé dónde se metió? Mire esos tennis todos cafés, quíteselos y los lavamos.
Enseguida una sensación de gozo absoluto recorrió mi cuerpo y encantada me dispuse a lavarlos con mi madre, lo único malo es que dado que eran de tela y que el decol los dañaba, salieron bastante maltratados y al cabo de unas semanas tuvieron que ser reemplazados.
Así finaliza la historia de los tenis y comienza la del Colegio de Harry Potter que prometo causará algunas risas en el lector.
Trascurría el año de 1996 y yo trágicamente era cambiada de colegio dado que había perdido el año y debía buscar otra institución para rpetir y poder acabar mi bachillerato; el José Allamano quedaba atrás y entraba en mi vida un colegio que desde su nombre es muy característico:
“Colegio Mayor Coopicidlun” iba a ser la cuna de muchas cosas en mi vida: conocería a los famosos “ñeros de colegio”, peleas de niñas a la salida del colegio, coordinadoras coqueteando a los padres de familia y a los estudiantes, madres que acompañaban a sus hijos a todos los paseos y por supuesto el maravilloso mundo de los Karmas, Darmas, magia blanca, magia negra, metafísica, ritos, Regina 11, en fin. Las miles de chocoaventuras que allí me esperaban se volverían motivo de risa y por que no, de aprendizaje que hoy en día me ha dado frutos para reír, para pensar y a veces para llorar.
Empezaré con mi primer clase de metafísica, en aquel tiempo mi primera comunión estaba aún reciente, así que esa clase resultaba algo contradictoria de acuerdo a toda la instrucción en religión qye había recibido toda la vida. Ellos predicaban la evolución del ser humano sin obstáculos ni impedimentos por parte de la sociedad intimidante y opresora que siempre hemos tenido. Jamás olvidaré que dicho argumento fue el que llamó mi atención y desde entonces reconozco que soy fiel seguidora de la metafísica, con claras excepciones por supuesto. La entrada triunfal de la fundadora “La maestra Regina” o “La Madre” como suelen llamarla, era un verdadero motivo de celebración en aquel colegio, todos se preparaban como si el mismísimo Jesucristo visitara el colegio y por supuesto los que éramos nuevos reíamos en medio de la extrañeza.
El día tan esperado llegó, lo que más recuerdo fue que esta señora se conservaba muy bien a pesar de los años y que es una mujer muy sencilla pero que sus discípulos si así se pueden llamar, exageraban todo y la veneraban como a un dios. Todos empezaron a decir:
-Madre, madre, ay madre qué gusto verla. ¿Me magnetiza madre?
Aún río recordando estas palabras, y disfruto dçandolas a conocer. Allí aprndí mucho y nunca lo negaré, solo que estas experiencias me recuerdan la infancia, la adolescencia y todo aquello que simbolizará eternamente mi época de colegio.
Incluso hoy en día cuando se habla de esta época con amigos de la universidad, lamía parece sobresalir, dadas las circunstancias que la atravesaron. La bandera que colgaba de una escoba, los colores que hacían una analogía a un salpicón recién preparado, la sudadera que ponía en duda la inclinación sexual de los hombres y sin duda alguna la fundadora que causa sensación cada vez que la nombro.
El caso es que así pasaron largos años de mi vida, dando paso a miles de burlas tanto en el barrio como en la familia. Aunque allí tuve miles de experiencias que me hicieron aceptar esta institución como algo positivo en mi vida.


4 Comments:
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Es muy interesante la forma en que finalmente decidimos escoger ser docentes, despúes de contemplar otras opciones, vemos como realmente estamos en el lugar correcto!!
En tu relato, puede verse la forma en que consideraste otras opciones, pero al final, te decidiste por la docencia.
algunas veces me pregunto... uno escige la docencia o la docencia lo escoge a uno. pareciera ser un destino la conexión como maestra a los destinos de otros. en mi caso recuerdo que además de los juegos de infancia sobre ser profesora y el cuidar de un primito bebé el tomar un curso sobre psicología infantil en un receso tomado antes de retomar estudios de derecho ya iniciados me convenció de seguir este camino. hoy, cuando me conecto en la cotidianidad con ese artista en semilla que habita en cada chiquito y estudiante confirmo ese gran camino de la docencia.
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